jueves, junio 14, 2007

Venus

Desde los postigos de mis ojos se mira Venus,
de noche, de día, cuando ayuno, cuando vuelo,
cuando me hierve la sangre en el suelo,
cuado orino los postes de las esquinas,
es decir, en todo momento se mira Venus desde mis pupilas.

La he visto desde la azotea que me detiene el ascenso,
le miro tendido boca arriba, ya sea con ojos cerrados o entreabiertos.
Me ha medido las alas con su propia luz,
transformando mi camino en vuelo de unicornios negros,
me ha hecho volar con dragones y murciélagos,

me ha permitido retratarla de cerca y de lejos,
me ha sonreído dos veces por semana,
se ha introducido por mi ventana de nostalgias,
me ha contado su historia infinita en una noche,

me ha mordido los ojos con tanta ternura;
con esa ternura que me advierten los apretones de corazón,
con ese anuncio de lagrimas, para las cuales nunca estoy listo,
me ha poseído en ese lugar secreto que está detrás del Sol,
me ha contado chistes sobre Júpiter,
me ha declarado su amor por Marte, por Saturno y por los postigos de
mis ojos,
me ha llorado estrellas palpitantes de recuerdos,
y me ha decorado la cama con su cobijo

Todo esto me ha permitido Venus, ¿y yo?,
seguiré poniendo letras en los papeles blancos,
tal como Venus pone sus amarguras en los vértices
de mis ilusiones y de mi alma vida.

Desde las manchas de tinta, el mortal golpe de la indiferencia
Tzinacantli

Motivando frases

Esta vez, no hubo compañía alguna que me incomodara para dedicarme un rato a echarle el lente. Sus pantalones entalladísimos que ayudaban a moldear sus menudas formas; su blusa muy encarnada que no cubría, más bien, descubría esas partecitas delanteras meritorias de saludos oculares insistentes, con decir que hasta note una leve mancha de aceite cerca del montecito sagrado ubicado a la diestra; sus recién recortados cabellos que amplian el horizonte de su pequeño rostro de pómulos sonrosados y puntitos cafés incontables, un perfecto pretexto para perder el tiempo.

Dejé de lado mi impertinente forma de hablar hasta por los codos y consentí que tomara la iniciativa de la conversación. Comenzó a detallarme alguno de sus problemas cotidianos y las luchas con sus vecinas regordetas de vocabulario bastante alegórico. Ese tiempo lo aproveche para atrapar toda la serie de sílabas constantes y recrearme un rato con los movimientos de sus labios curiosos, pues mientras el inferior pide mordisco, el de arriba se oculta, y a veces, tímidamente se hace notar su leve pero bien formada curvita, fué cunado que descubrí que mis dientes se encajaban sobre mi labio inferior, no hice más que reír a mis adentros para evitar su atención.

Un buen rato dediqué mi mirada para ingresar en Ella por la parte céntrica de sus ojos con la intención de descubrir algo de sus misterios, regodearme un rato con espíritu aventurero, andar en sus entrañas para dejar bien marcada la suela de mis emociones. No hubo oportunidad de ello, pues su inquietud ocular corría a velocidad de niña inquieta.

Llegó el momento de la partida, y tuvimos que andar un rato. Con la intención maliciosa tuve que dejar que tomara delatera, sólo un paso fue suficiente. Es gozoso y en veces divertido, ver sus formas contoneadas que se oscilan de izquierda a derecha y va de regreso, aventando partículas de alegría de un lado para otro y motivando todas esas frases pensadas y no dichas por el personal que por esos momentos corre con la fortuna de encontrarla.